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La Coctelera

LOS ESTATUTOS DEL CLAN

El Clan es un grupo semicerrado y diverso de especímenes de distintos sexo y idéntico género cuya función es crear, alterar, remover, idear, cambiar, sacudir y despertar la vida del entorno donde se desarrolla. El Clan no es un ente estático ni sobrio, no es mediocre ni gris. El Clan evoluciona bajo distintas condiciones medioambientales siéndole homogéneo (léase indiferente), los estados de sequía pertinaz o de humedad extrema.

OBLIGACIONES

  1. El Clan se debe al Clan, esta es la primera obligación
  2. El Clan debe de poner en común sus preocupaciones, ilusiones o pretensiones en la Asamblea Ordinaria que se celebrará cada vez que un miembro del Clan la convoque (es decir, casi todos los días) en una terraza al are libre o en un local de mala imagen y peor reputación.
  3. Si un miembro del Clan necesitara los esfuerzos, conocimientos o ayuda específica de otro miembro del Clan este estará obligado a darla sin ningún tipo de compensación a excepción del primero derecho de los miembros del Clan.
  4. El Clan está obligado a divertirse, a enredar, crear y cenar en la Bardencilla como mínimo una vez al mes.
  5. Las decisiones del Clan son asumidas por el resto de sus miembros y aprobadas por mayoría absoluta, esto es, el voto de la mitad más uno de los miembros del Clan.
  6. El Clan debe de manifestar sus quereres a los miembros del Clan de diversas maneras exceptuando las siguientes: Pataditas en los menundillos, bocaos en el hígado (pa joderle ya está los copazos, no necesita más ayuda), golpes en la nuez y otras manifestaciones que puedan originar un estado de minusvalía física o permanente idiotez.
  7. Si un miembro del Clan es vejado, ultrajado, agredido, insultado o maltratado el resto del Clan está obligado a salir en su defensa en cualquiera de sus expresiones (Que quien corresponda le pille confesado ante las iras del Clan).
  8. El Clan debe de respetar a las novias o novios de los miembros e impedir que ningún elemento ajeno al Clan intente hacer uso del aparato del regocijo de las mencionadas parejas.

DERECHOS

1. Lo que es del Clan es del Clan (que rule que rule)

2. Los miembros del Clan tienen derecho a opinar sobre los asuntos de los miembros del Clan como si de los propios se tratara.

3. Los miembros de Clan podrán actuar en cuantos asuntos conciernan al Clan o a sus miembros previo convocatoria de un Comité Ejecutivo compuesto por dos miembros. Siempre en los lugares de la Asamblea General (esto es inamovible).

4. Los miembros del Clan tienen derecho al uso y disfrute de los apaños efímeros de una noche de alguno de los miembros del Clan (a excepción de los apaños de la pequeña inmundicia porque no es del gusto general del Clan)

5. Los miembros del Clan tienen derecho a optar en las vacantes sentimentales de otro miembro del Clan de manera prioritaria siempre y cuando cuente con el beneplácito del resto por unanimidad.

6. Los miembros del Clan tienen poder de veto a las/os aspirantes a usar el aparato del regocijo de otro de los miembros del Clan sin que esto suponga menoscabar el libre albedrío de los miembros.

7. Los miembros del Clan tienen derecho a convocar al Clan cada vez que se tenga sed, hambre, ganas de triscar por los matojos o de tirar todo el escombro, es decir, casi a diario.

REQUISITOS

Para ingresar en el Clan es necesario reunir una serie de requisitos de obligado cumplimiento y el apoyo de la mitad más uno de los miembros del Clan. Se puede ingresar mediante dos vías:

- Por elección directa de los miembros del Clan

- Por amancebamiento

En ambos casos se necesita el acuerdo del Can y sus miembros estás obligados a supeditarse a dicho acuerdo. En el caso del amancebamiento, el acuerdo será más flexible apelando a la cantidad de amor vertido en dicha relación, esto no es óbice, valladar o cortapisa para que los miembros del Clan no hagan público su desacuerdo con la elección del elemento/a en cuestión.

En cualquier caso, no podrán ser miembros del Clan ni aunque se casaran con uno de ellos los siguientes especímenes:

- Mediocres

- Sosos/as

- Siesos/as

- Burgueses

- Poco o nada creativos/as

- Sin sentido de humor

- Abstemios/as

- Cuerdos/as

- Ordinarios/as

- No comprometidos/as

- Afines al Partido Popular (el Clan es apolítico pero esto es una ordinariez y no serán miembros del Clan)

- A los que no les atraiga las bellas artes en cualquiera de sus manifestaciones (música, teatro, danza, arte, literatura…)

En definitiva, todos aquellos especímenes carentes de magia, ilusión, alegría y ganas de cambiar el mundo. A todos aquellos que se conforman con lo que tiene, que no sueñan, que no se arriesgan… A aquellos que prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer, a los que no persiguen sus pasiones, a los que se quedan inmovilizados y no luchan. Nunca podrán ser miembros del Clan los que se esconden detrás de la seguridad de la burguesía ficticia, de los encantos de la tarde de domingo de tele y palomitas. Nunca serán miembros del Clan los que viven pendientes de una hipoteca o buscan pasar sus días sin perseguir a su verdadero amor por miedo, comodidad o desidia.

El Clan es especial y para pertenecer a él no valen engaños, triquiñuelas ni falacias.

EL CLAN HA HABLADO. ASÍ SEA. AMÉN

El clan, l@s gord@s y la banda

Pues eso, que estaba trasto.

A veces

A veces, sin apenas tiempo para pensar, se nos queda encallada la vida entre dos palabras pronunciadas y otras tantas omitidas. Sin querer saber como, las que salieron de nuestros labios fueron dejando un rastro equívoco, una estela errónea, una huella confundida. Esas palabras que iniciaron un viaje sin retorno, encendieron la llama de la incomprensión, el dolor y el olvido. Fueron ellas, polisémicas y engañosas, las que marcaron el camino de la ausencia, las que fijaron el rumbo de la distancia, las que construyeron muros de incomprensión. Fueron ellas, desobedientes e impetuosas, las que pusieron antónimos a la más bella idea de amar, de querer, de compartir.

Pero aquellas que se quedaron en el umbral del aliento, incapaces de salir a curar el alma de tanto desperfecto. Aquellas que se frenaron en seco por el frío viento del orgullo, por el firme deseo de mantener íntegra la parte de la memoria que no ha sido dañada. Aquellas que sin convicción para salir prefirieron esperar otro tiempo más benévolo, son las que causan más estragos en una línea, que de tanto querer flotar, se viene hundiendo a borbotones. Son estas y no aquellas las que terminan por apagar los destellos de la esperanza, las que se dejan llevar por los “debo” dejando morir a los “quiero” y los “deseo”. Son aquellas las que, al final de los días de palabras, se echa de menos el pronunciarlas. Son ellas las que se nos quedan en la memoria, mudas e impotentes, cuando a quien se las quiere regalar ya no está cerca para entenderlas.

A veces, sin apenas tiempo para pensar, se nos queda encallada la vida entre dos palabras pronunciadas y otras tantas omitidas. A veces, solo a veces, somos capaces de enmudecer unas y gritar otras. Y a veces, solo a veces, no llegamos tarde para empujar a las que se quedaron paradas en el umbral de los labios. Pero esto es a veces, solo a veces.

La energía del Saber

Cuantas veces nos gustaría hacer parada y marcha atrás con la ventaja de saber lo que ya pasó. Podríamos evitar dolores, crecer felicidades, trucar “quereres” y canjear besos. Con la magia del saber, podríamos hacer milagros, engendrar magias, paliar sufrimientos y enjugar lágrimas. Lograríamos pintar colores a la vida, sacar sonrisas al llanto, regatear al miedo y, sobre todo, tendríamos el valor de coger al amor por la solapa y hacerle un hueco en el sitio más cómodo y soleado del corazón.

Pero nadie sabe como parar y dar marcha atrás, ni como hacer uso de una vida que, de sencilla, se nos hace complicada.., nadie conoce el secreto de transmutar miradas en caricias y encender pasiones con el calor de una sonrisa. No hay quien venga con manual de instrucciones y apenas hay quien es capaz de tener la consciencia del amor cuando aparece entre las comisuras de unos labios mudos de tanto silenciar “te quiero”. Nadie quiere ver, y cuando mira solo ve lo que no le duele, aquello que solo tiene unas razones que habitan muy lejos del corazón. Nadie entreteje lazos con las manos sin más afán que ofrecer el calor de un sentimiento de ida y vuelta, porque nadie se atreve a dar el primer paso, a ser el primero en plantarle cara a quien se nos viene colando por las esquinas del alma.

Nadie quiere ser falible y mostrar su desnudez, a nadie se le ocurre esperar el golpe si puede golpear primero y nadie desea perder si con ello no puede ganar. A la vida, como al amor, se la conquista con el valor de los cobardes y la fuerza de los débiles. Al amor, como a la vida, se le atrapa con la osadía del medroso y la energía de quien no teme perder porque, en la esquina de cada punto y aparte, todo aquello por lo que tememos avanzar es lo que, al final, nos hace frenar en seco sin darnos la posibilidad de poder dar marcha atrás.

Los viernes son esos días...

A mí, últimamente, todo me pasa en viernes..., ya hasta me parecen días raros. Un viernes, si no recuerdo mal, se me perdió el imperdible del sombrero y, para colmo, me dejó mi siamesa plantada ante el televisor. He decidido que los viernes puede suceder de todo así que, cuando llega las últimas horas del jueves, entro en pánico.

Un jueves cualquiera de no hace mucho tiempo, mira tú por donde no era viernes, fui testigo de una transformación que me dejó aparcada en la línea de la cordura. Tan grande y enigmático fue ese cambio que, aun a día de hoy (que tampoco es viernes), sigo sin saber como fue posible tamaña variación. Léase que estaba yo buceando en mis propias profundidades vitales cuando irrumpió, así sin notificación previa, el enorme y babeante monstruo de la venganza. Se agarró cual garrapata a la costura de mi conciencia y anidó sin miserias entre los entresijos de mi cabeza. Era jueves, apenas me di cuenta, pero fue el viernes cuando decidió hacer estragos entre los hilos del pensamiento. A cada paso que daba, transformaba la luz en oscuridad, el día en noche, la sonrisa en mueca, la visión en ceguera... Solo se manifiesta los viernes. Algunos con más fuerza, otros en decadencia, pero siempre presente para no hacerme olvidar lo inolvidable.

El viernes de hace tres viernes le hice frente. Otro viernes. Y le planté cara. Le dije, para conmoverle, lo del imperdible del sombrero, el plantón de mi siamesa, no olvidé comentarle el tercer acto imaginario y la sonrisa adulta de mi vecina. También le dije lo del sorbete de limón, lo de la cataplasma del gordo, lo de la gabi de la mom y, sobre todo, los arpegios del concierto que se afinaron al final. Nada. No entraba en razón... Le dije que no quería verle, que no le necesitaba, pero me dijo que la vida era la venganza de la muerte. Y ese viernes me di cuenta de que tenía la batalla perdida... ¡Vaya una puñeta!... Pero no perdida la guerra.

Y es que los viernes son un poco raros, son esos días en los que casi todo puede suceder. El viernes pasado me encontré un beso, no se de quien era pero me gustó y yo le gusté a él. Nos hemos quedado juntos hasta el viernes que viene que, igual, viene con otro beso..., ¡quien sabe! A lo mejor no es un beso sino un recuerdo, una palabra o quizás una sonrisa. Pero eso lo sabré el viernes que viene.

Para tí gordo, te deseo los mejores viernes del mundo.

El desván de los milagros

Hay ocasiones en que, por mucho que se tenga el don de escribir de colores, se queda corta la gama cromática para expresar, en toda su extensión, algo que está más cerca de lo imposible que de lo improbable. Y debe de ser por eso por lo que voy buscando palabras en el desván de los milagros, en ese sitio justo debajo del techo del cielo en el que se va guardando lo que está en desuso por prodigioso. Va a ser complicado encontrar algún termino adecuado para escribir tanta maravilla, tanta magia, tanto talento como ese traje de Hamlet que se puso Raúl Chacón en Réplika. Porque fácil sería utilizar tópicos que, por muy buenos y adecuados, no terminarían de diseñar la cuadratura de círculo para transmitir algo que, por otra parte, le fue sencillo hacer a un enorme actor con un texto que o te hace ponerte los “bises” por montera o te echa a patadas a la publicidad. Y así fue. Cada verso, cada gesto, cada movimiento fue un milagro, la prueba fehaciente de que el Olimpo del Teatro escoge a sus hijos más queridos y, es de ley reconocerlo, en este Hamlet, había más de uno y más de dos.

Hay que darles las gracias a todos ellos porque consiguen alimentarte el alma con su arte, te ofrecen la posibilidad de ver con otros ojos un mundo que se va cayendo de puro egoísmo y te regalan un tiempo precioso para que no pierdas la fe en tu capacidad para cambiar las cosas. Eso es el teatro y así los hacen sus hijos e hijas amantísimas cuando, en un alarde de generosidad, se suben a un escenario para crear un mundo donde lo imposible solo alcanza a ser improbable. Así lo hizo Ofelia de la mano de Marta, una niña llena de vida que busca la muerte.., tan fascinante que enamora, que te lleva enganchada al cordón de su dolor sin percibir cual es la diferencia entre lo que es drama y lo que es real. O Gertrudis, bajo el paraguas del talento de Socorro, que apenas esboza un gesto ya sientes como propio el infierno que vive una madre atrapada entre los genes y la cama. O el rey, Polonio, Horacio, ese actor-actriz-cura, Laertes, Rosencrantz o Guildenstern, un coro polifónico que acompaña, con un empaste perfecto, al mejor solo de la obra: Hamlet. Y es con él, contigo Raúl, donde me veo buscando palabras en el desván de los milagros. Se que las voy a encontrar, por lo menos las necesarias para ir esbozando todo lo que me hiciste sentir durante ese tiempo de Shakespeare. Pero siempre me quedará a oportunidad de seguir buscando en el desván de la magia o en el de los talentos, en el de las ilusiones y los sueños y, si aún así no logro esa cuadratura del círculo, bucearé entre los abismos de la creación para dar con la clave exacta. No me vale con unas cuantas palabras más o menos bien puestas, hacen falta muchas otras que, por desgracia, no están a mi alcance. Hasta que las encuentre, hasta que sea capaz de comunicar ese milagro, me quedo con una verdad inamovible: la suerte de disfrutar de un inmenso actor que, esa es la cuestión, es a la par un inmenso amigo. Gracias.

Colores

Cuando menos te lo esperas vuelve el corazón a dar brincos y sin ninguna justificación aparece vestido de colores para celebrar una felicidad inesperada e irreal. Sin darte cuenta pasas de un estado gris y apático a una eclosión de sensaciones que ponen a tu mente al borde de un abismo repleto de matices cromáticos. Así son los misterios de la vida. Hoy te encajan un golpe en centro del ánimo y mañana te pasea alegre por la calle de la felicidad. Y ninguna de las dos situaciones permanece eternamente, lo que nos enseña que cada etapa es efímera y perecedera.

De las malas temporadas, paciencia y tranquilidad que no terminan de instalarse definitivamente en tu rincón. De las buenas, vigilia y atención porque, también ellas, terminan por abandonar el nido. Ambas se complementan y ambas aportan el laborioso trabajo de cincelar lo que se va siendo con el paso de los años. Relativizar el momento es el secreto para no quedar abrumado por el peso de los malos acontecimientos que, indefectiblemente, terminan por desaparecer. Sentido del humor para hacer frente a tanta afrenta emocional y confianza para saber que, pese a que el cielo pinta en nubarrones negros, justo detrás hay un hermoso cielo azul. Una obviedad que tendemos a olvidar cuando se nos cae encima tamaño chaparrón.

Pero en realidad, lo que suele hacer el ser humano es arredrarse ante las adversidades cobijándose, a ser posible, bajo los brazos de la persona que más a mano se encuentra, siempre y cuando esta no termine por escapar, hasta que pasen aquellos nubarrones y el cielo se quede de un azul claro y brillante. Y cuando ese cielo termina por aparecer, que siempre aparece mal que nos pese, nos tumbamos al socaire de tan benigna situación y olvidamos que también esta tiene los días contados. Y así una y otra vez sin aprender que detrás de la tempestad viene la calma, que cuando una puerta se cierra una ventana se abre o que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante.

Pero este es el encanto del ser humano. Cada esquina de su vida es diferente aunque se haya pasado por ella más de cien veces. Como aquella vez que nos dejaron con la palabra en la boca y se nos atragantaron cientos de verbos que podrían haber definido los colores del alma. O como aquella otra en que de tanto callar para no herir se nos encallaron las ganas de luchar por no querer pensar que las palabras no matan, solo hieren. O como en esa otra que la decepción se hizo fuerte y acabó por romper el futuro pluscuamperfecto de la vida. Y pese a todo, siempre hay un sueño por el que luchar, una persona por la que querer y un futuro por el que trabajar. Aquellas caras del presente son las olas distintas del mismo mar que, pese a ser conocidas, siempre nos sorprenden.

Siempre habrá nubarrones y siempre aparecerá el cielo azul. Siempre la esquina será diferente y siempre la vida nos dejará quereres imposibles, sueños rotos y decepciones mortales. Pero siempre tendremos la posibilidad de pintar la vida de colores a pesar de ese gris tirando a negro con que muchas veces vemos el paisaje, porque a pesar de las distancias, las decepciones y los desengaños, la vida es ese misterio fantástico que nos sorprende a la vuelta de cada esquina.

El camino que lleva y que trae

Pese a que no llegamos a terminar las etapas planificadas, que la de Mombuey se nos quedó con el alma coja y el pie con fascitis plantar y que Leti, nuestra Leti, la única Leti, llevaba ampollas hasta en la mochila, esos tres días fueron un truco de la vida, un tiempo lleno de magia…, de pura magia.


Hicimos salir de la chistera momentos de risa y carcajada, tocamos con la varita instantes de pensamiento y soledad, nos sacamos de la manga cuarto y mitad de felicidades compartidas y supimos que la amistad, sin definir, se nos venía pegando a los talones.


Supimos encajar como un guante tres miradas distintas, quisimos querer compartir tiempos de libertad y entendimos que hacer el camino juntas era algo más que caminar. Pusimos piedras, recordamos amores, definimos compañías, susurramos nombres, bebimos de las vides, comimos de las parras y fumamos de las hierbas. Dejamos recuerdos para el futuro y borramos imágenes del pasado. Definimos gentes, eliminamos sueños, borramos quereres y colocamos a muchos en su espacio y en su tiempo. Pero sobre todo nos fuimos descubriendo, nos fuimos viendo sin trampa ni cartón, como éramos…, como somos.


Y nos dimos cuenta de que nos gustamos, de que sin adornos ni oropeles, vamos ganado crédito a cada paso. Sin estridencias, sin focos luminosos, sin dramas inventados, sin besos repetidos, sin mentiras, sin egoísmos.., así, sencillo: sonreír, querer y no fallar.


No terminamos el camino pero empezamos una vereda mucho más gratificante: la que nos lleva del querer al respeto y del respeto al querer.