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La Coctelera

El Pabellón de la loca

Solo la locura puede mantener a raya a la cordura

1 Abril 2008

Los viernes son esos días...

A mí, últimamente, todo me pasa en viernes..., ya hasta me parecen días raros. Un viernes, si no recuerdo mal, se me perdió el imperdible del sombrero y, para colmo, me dejó mi siamesa plantada ante el televisor. He decidido que los viernes puede suceder de todo así que, cuando llega las últimas horas del jueves, entro en pánico.

Un jueves cualquiera de no hace mucho tiempo, mira tú por donde no era viernes, fui testigo de una transformación que me dejó aparcada en la línea de la cordura. Tan grande y enigmático fue ese cambio que, aun a día de hoy (que tampoco es viernes), sigo sin saber como fue posible tamaña variación. Léase que estaba yo buceando en mis propias profundidades vitales cuando irrumpió, así sin notificación previa, el enorme y babeante monstruo de la venganza. Se agarró cual garrapata a la costura de mi conciencia y anidó sin miserias entre los entresijos de mi cabeza. Era jueves, apenas me di cuenta, pero fue el viernes cuando decidió hacer estragos entre los hilos del pensamiento. A cada paso que daba, transformaba la luz en oscuridad, el día en noche, la sonrisa en mueca, la visión en ceguera... Solo se manifiesta los viernes. Algunos con más fuerza, otros en decadencia, pero siempre presente para no hacerme olvidar lo inolvidable.

El viernes de hace tres viernes le hice frente. Otro viernes. Y le planté cara. Le dije, para conmoverle, lo del imperdible del sombrero, el plantón de mi siamesa, no olvidé comentarle el tercer acto imaginario y la sonrisa adulta de mi vecina. También le dije lo del sorbete de limón, lo de la cataplasma del gordo, lo de la gabi de la mom y, sobre todo, los arpegios del concierto que se afinaron al final. Nada. No entraba en razón... Le dije que no quería verle, que no le necesitaba, pero me dijo que la vida era la venganza de la muerte. Y ese viernes me di cuenta de que tenía la batalla perdida... ¡Vaya una puñeta!... Pero no perdida la guerra.

Y es que los viernes son un poco raros, son esos días en los que casi todo puede suceder. El viernes pasado me encontré un beso, no se de quien era pero me gustó y yo le gusté a él. Nos hemos quedado juntos hasta el viernes que viene que, igual, viene con otro beso..., ¡quien sabe! A lo mejor no es un beso sino un recuerdo, una palabra o quizás una sonrisa. Pero eso lo sabré el viernes que viene.

Para tí gordo, te deseo los mejores viernes del mundo.

servido por elpabellondelaslocas 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Lapatri

Lapatri dijo

Si al final decidimos que los viernes son raros lo que supone que están cargados de traiciones, promesas, besos, caricias, escupitajos, cagadas en deu etc etc en fin....por tanto de emociones y sentimientos a flor de piel......pues hija que TODOS LOS DÍAS SEAN VIERNES porque entonces todos los días estaremos VIVOS.

un besín de tu Mom

1 Abril 2008 | 02:25 PM

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Sobre mí

Aquí nadie que se considere cuerdo tiene cabida, no hay espacio para los sensatos que todo lo saben y todo lo pueden solucionar. Los que vayan de equilibrados, de impenitentes "decentes" y "formales", que se busquen otro lugar. En este pabellón, donde antes había dos locas y ahora solo queda una, solo vale la locura de ver la vida como realmente es, no como nos la cuenta...

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